Pepe Sin #Foreveryoung

Pepe Sin #Foreveryoung

El fin de semana pasado estuvimos celebrando el 50 cumpleaños de Pepe en Panticosa. Fueron días entrañables que pasamos entre amigos con los que estuvimos compartiendo juegos, risas, juergas y mucha emoción. Fueron unos días llenos de muy buenos momentos.Todos deseábamos que llegase el cumple de Pepe con un objetivo claro: «La entrega total». Sólo puedo decir que las expectativas se cumplieron.

Para mi, en concreto, fue una gozada que estuviesen juntos, en un mismo evento, amigos que proceden de distintos círculos, de distintas pandillas. Amigos de los buenos, de los de verdad, de los que eliges porque quieres. Amigos de los que te encanta estar a su lado y de los que sabes que estarán al tuyo cuando haga falta.

La fiesta del sábado por la noche fue el colofón perfecto. Allí estuvimos sumergidos en un ambiente mágico magistralmente liderado por Luis Cebrián. Simplemente nos juntamos gente maja con ganas de pasarlo bien y os aseguro que lo conseguimos. Ya os podéis imaginar que entre estas personas se encontraban gran parte de las Todas. Fallaron algunas que no pudieron desplazarse. Otras lo hicieron desde muy lejos. Un auténtico re-encuentro aunque sólo físico porque siempre nos hemos sentido muy cerca.

En la fiesta yo leí un texto que le había escrito a Pepe para la ocasión. Por petición popular lo publico en este blog. Todavía faltan Todas a las que les debo un post, pero Pepe debe estar entre los primeros de la categoría «todistas», o lo que es lo mismo de la categoría de los seguidores, muy, muy fans de Las Todas.

Ahí os dejo el escrito:

 

«Mi historia comienza en Zaragoza en 1989. Hacía ya unos años que nuestro grupo de amigas se había empezado a conformar. Por entonces, andábamos muy ocupadas con nuestras cosas. Cosas propias de veinteañeras. Cosas, entre las que tenía una gran importancia todo lo concerniente al amor y desamor.

Como Las Todas siempre hemos sido una pandilla muy numerosa, por aquellos años, en cuestión de chicos, hubo de todo. De todo y bastante variado. En resumen diremos que unas cuantas se dedicaron a romper corazones y otras a poner tiritas a los suyos destrozados. Vamos, lo que viene siendo normal en una pandilla de alocadas jovencitas con todas sus ilusiones intactas y la sensibilidad propia de la juventud a flor de piel.

Carlota hasta aquel momento, siempre había sido una amiga muy generosa con las demás, pero fue en aquellos años cuando sacó su parte más ruin, egoísta y posesiva. “Esta joya de hombre es para mí“-pensó -“Mis amigas se van a poner verdes de envidia”- y con esta frase, al igual que Escarlata O´Hara, atrapó con sus encantos a aquel apuesto jovencito llamado Pepe. Por entonces, Carlota no fue consciente de que en aquella ocasión estaba llevando a cabo uno de los actos más generosos que realizará jamás, estaba haciéndonos un maravilloso regalo incorporando a Pepe a nuestras vidas …

Pepe era un tío formal, de los que gustan a las madres para sus hijas. Era serio, pero no demasiado introvertido. Su gran capacidad de adaptación le sirvió para incorporarse a nuestro grupo sin hacer ruido. Era una persona fácil y con muchísimas ganas de agradar. La naturalidad de Carlota que no se cortaba en tratarlo como a una más, contribuyó a que Pepe enseguida fuera como otra amiga. Muchas veces no nos dábamos cuenta y era testigo de nuestras conversaciones. Conversaciones, que yo sé que le llegaban a violentar.

Buahhh,… ¡anda que no tuvo que aguantarnos por aquellos años! Hacía de Ángel de la Guarda de Las Todas cuando hacía falta, nos llevaba a casa si se hacía tarde, nos acompañaba a tomar el aire si alguna había bebido de más y venía a las excursiones con bocadillos para la pandilla al completo.

Pasaba el tiempo…. Y los novios de las Todas iban cayendo como hojas en otoño. Pepe aceptaba estas despedidas con resignación pero también con una gran pena en el alma. Su facilidad para empatizar con las personas le hacía encariñarse con los hombres que pasaban por nuestra vida y cuando se iban, él sentía un gran vacío. De hecho, hoy en día cuenta con alguno de éstos entre sus buenos amigos,…

…y pasaron los años … y Carlota y Pepe crecieron juntos, como dos grandes compañeros, apoyándose el uno en el otro. Viviendo, como todos, muy buenos momentos y otros no tan buenos. Ellos siempre han sabido ver el uno en el otro un pilar donde agarrarse para seguir avanzando cuando los obstáculos se presentan o la vida se torna complicada. Sus hijos Alvaro y Paula son dos fuentes de orgullo y absoluta alegría.

Pepe es muy paciente y enormemente servicial. Alcanza su máxima felicidad viendo disfrutar a los que le rodean… Hace las cosas como los grandes hombres de la humanidad desde la máxima discreción. Huyendo del protagonismo.

A Pepe le llena totalmente estar en Panticosa. El siempre cuenta que cuando tiene una mala temporada sólo con llegar aquí le cambia el humor. Hablando de humor, aunque os parezca mentira, él también se enfada, … Yo de hecho, alguna vez, he presenciado algún berrinche si se le ha frustrado un plan que le hacía muchísima ilusión. Pero luego se le pasa con rapidez.

Pepe es discreto y ecuánime, un hombre culto y gran conversador. Le gusta más el tú a tú, que la intervención en grandes grupos. Son los pequeños detalles cargados de generosidad los que le hacen feliz. Le gusta ver disfrutar a los demás, especialmente si los demás son su familia. Le gusta que cenes en su casa y que no lleves nada. Disfruta si vas a pagar una ronda y ya lo ha hecho él. Le encanta mirar el tiempo entre semana y mandarte un mensaje si hay un buen parte de nieve. Comparte con su mujer esta enfermedad que hace años les diagnostique como el “Síndrome de la Hospitalidad”.

Pepe, muchas gracias por pequeños detalles llenos de corazón que es complicado que se le ocurran a una persona sin la calidad humana que tu tienes. Gracias por cosas como  acercarte a una farmacia, en silencio, para traerle unas tiritas a Luisete para una rozadura que no le permitía caminar. Gracias por esos croissants que nos subes al punto de la mañana cuando desayunas en el Mozart antes de subir a esquiar. Gracias por disfrutar como un auténtico niño cuando esquías con Javier y Luis por Bandera y les impartes una auténtica lección de actitud e ilusión. Sobre todo gracias por cuidar de mi amiga durante estos años y por seguir mirándola como cuando la conociste. Gracias por tu complicidad con ella que te permite ver más allá cuando te da un desplante, en un día de cansancio, y tú comprendes que a veces las mujeres somos como el protagonista del “Ramito de Violetas» , «como siempre y sin tarjeta”

Gracias por dejarte sorprender por esta fiesta que con tanta ilusión ha preparado Carlota y en la que hemos puesto todos muchísimo corazón!

Muchísimas felicidades, nos deseamos de verdad contar contigo 50 años más!»